La Anarquía - Etapas

1874-1880: Son los años de la desorganización y la clandestinidad de la Internacional, que aún celebra en 1874 su IV Congreso de Madrid, con el acuerdo de convertirse en una organización secreta y una clara opción por la insurrección revolucionaria. Comienzan a aflorar las intransigentes y los que - como el círculo catalán -querían mantener más contacto con el asociacionismo obrero y utilizar la huelga como cauce reivindicativo de las sociedades de oficios.

1881-1887: La apertura que suponía el gobierno de Sagasta propiciaría que los libertarios partidarios de la acción sindical procuraran reconstruir plataformas estatales de lucha reivindicativa. En 1881 fue creada la Federación de trabajadores de la Región Española - FTRE -, claro intento de volver a los tiempos de la internacional, y practicar el lema: La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos. De la que surgió probablemente una primera fuente de división entre los que querían acabar de un golpe con la vida clandestina languideciente para crear lo antes posible un amplio movimiento y una organización legales.

Las dos corrientes tendrían ocasión de ver reforzadas sus tesis por el aumento de las sociedades obreras y los levantamientos insurreccionales en el campo, principalmente en Andalucía. Aquí la FTRE contaría con efectivos que defendían el anarcocomunismo en contra de teóricos como Lunas - propuso incluso la creación un partido socialista que permitiera el triunfo de la anarquía - o Ricardo Mella, partidarios del colectivismo.

En el sur predominaban las sociedades secretas, como la de Los Desheredados, cuyos efectivos estaban entre los trabajadores de los viñedos de Jerez, o la llamada Mano Negra, envuelta en la leyenda y de la que se duda seriamente sobre su existencia real. Sirvieron para desencadenar una fuerte represión, con acusaciones de crímenes comunes, y para cortar una serie de huelgas contra el sistema de contratación y las condiciones laborales. Más de 2.000 campesinos fueron arrestados y a siete se les condenó a garrote vil.

En el III Congreso de Valencia, en 1883, que supuso la decadencia de FTRE, se repudiaron los asesinatos de la Mano Negra, tal vez con el propósito de diferenciar la acción reivindicativa de los sindicatos, del carácter secreto y poco escrupuloso de las organizaciones andaluzas.

1880-1909: La FTRE desapareció en 1880 con la división de dos organizaciones. Surgió una Federación de Resistencia al Capital, mientras en Valencia nacían las Bases para la organización Anarquista de la Región Española, que pretendían ser una continuadora de la Alianza. Por su parte los socialistas impulsaban la Unión General de Trabajadores - UGT -. El anarquismo entraría en una fase de aislamiento, circunscrito a grupos de afinidad, con la promoción de distintas publicaciones que difundían las tesis libertarias o impartían conocimientos generales en los ateneos obreros. Intentaron crear una cultura propia, donde los valores obreros se impusieron los de las clases dominantes. La Revista Blanca, fundada por Federico Urales en 1898, representa uno de los máximos exponentes de este tipo de literatura. Al mismo tiempo, la propaganda por la acción, con diversos actos terroristas y asesinatos, alcanzará su momento de mayor actividad. Uno de los primeros fue el de Paulino Pallás en septiembre de 1893, contra el general Martínez Campos, símbolo de la monarquía borbónica que había acabado con la I República. En Jerez en 1892 volvieron a repetirse las insurrecciones.

Las sociedades obreras, estructuradas por oficios, muestran todavía escasa fuerza y su reivindicación de la jornada de ocho horas es uno de los lemas de las manifestaciones de los primeros de mayo, en conmemoración de los mártires de Chicago.

A partir de 1900, Anselmo Lorenzo y Josep Prat traducen los escritos de los anarconsindicalistas, cuya idea eje es la huelga general como estrategia revolucionaria. Algunos libertarios, considerándose portadores de la pureza doctrinal, reaccionaron contra lo que entendían como una transgresión por su análisis marxistas de la lucha de clases y por sus propuestas de organización futura, a las que tachan de autoritarias y burocráticas.

Sería en Cataluña, principal zona del proletariado español, donde grupos socialistas, anarquistas, y algunos republicanos vinculados a Lerroux, propiciaron Solidaridad Obrera, en oposición a Solidaritat Catalana; expresión del catalanismo político en los comienzos del reinado de Alfonso XIII. Proclamó en su primer manifiesto la neutralidad partidista de sus afilados, con el fin de facilitar la unión de todos los trabajadores. En 1908 quedó constituida en Badalona, con equilibrio entre socialistas y anarquistas una Conferencia Regional de Sociedades de Resistencia Solidaridad Obrera, cuestión difícil de encajar en el PSOE por lo que suponía de marginación de la UGT.

Los sucesos de la Semana Trágica en julio de 1909, con la llamada de los reservistas para luchar contra la sublevación de Marruecos, desencadenaron una huelga general en Barcelona y otras localidades y más de 100 muertos. Un tribunal militar consideró a Ferrer Guardia el responsable. Era un libertario, fundador de la Escuela Moderna, centró de enseñanza laico y racionalista, en la línea de lograr un hombre nuevo mediante la educación. Fue condenado a muerte y ejecutado, en medio de una gran protesta internacional.

1910-1930: En el Congreso celebrado en Barcelona en 1910, 114 sociedades obreras de toda España acordaron, tras la experiencia de Solidaridad Obrera, fundar la Confederación Nacional del Trabajo, con la oposición de los representantes socialistas asistentes. El primer secretario fue Josep Negre y en el I Congreso de 1911, se fijan sus bases ideológicas y tácticas: el sindicato era considerado como un medio para las reivindicaciones salariales y sociales y como futuro organismo de control de la producción de la sociedad libertaria. La táctica d acción directa no aceptaba ningún tipo de intermediario en las relaciones con los patronos e impedía la participación política de la organización. Su estructura interna estaba caracterizada por una completa descentralización que, teóricamente, daba todo el poder a las bases y cuyos representantes debían ser meros transmisores de las decisiones de sus afiliados.

Las relaciones entre anarconsindicalistas y anarquistas no serían fáciles. Los primeros creían más en los sindicatos como medio de llegar al comunismo libertario, y los segundo intentaban controlar la CNT para hacer de ella una organización específicamente libertaria. El Congreso de El Ferrol en 1915 reunió a la segunda generación de dirigentes - Pestaña, Quintanilla, Carbó, Bajatierra, Sánchez Rosa, etcétera- que se opusieron a la Guerra Mundial y decidieron expandir la Confederación, disuelta legalmente por Canalejas, asesinado en 1912 por Manuel Pardiñas.

En 1916 se firmó un pacto con la UGT para hacer frente al aumento del coste de la vida impulsando la huelga general de 1917. El II Congreso en 1919 aprobó la creación de los Sindicatos Únicos de Industria, que englobaban a los de Oficio, ratificó el apoliticismo, la acción directa y el comunismo libertario como meta. Aunque en principio estuvieron de acuerdo en adherirse a la III Internacional, los informes de Angel Pestañas, y Gastón Leval tras su visita a Moscú, hicieron que la CNT se retirara, por las persecuciones de que eran objeto sus compañeros rusos.

La crisis subsiguiente a la I Guerra Mundial provocó un recrudecimiento de las tensiones patronos - obreros, extendiéndose el pistolerismo. Entre 1922 y 1923 muchos militantes cenetistas fueron tiroteados y asesinados - Salvador Seguí, Boal... - y de igual manera murieron Dato, jefe de gobierno; el cardenal Soldevilla, etcétera. La desaparición de numerosos dirigentes hizo que ocuparan puestos clave miembros partidarios del comunismo bolchevique como Nin y Maurín, aunque no pudieron desarticular el peso anarquista.

Muchos sindicatos cenetistas fueron clausurados durante la Dictadura de Primo de Rivera. La actitud de algunos anarconsindicalistas de buscar vías mas posibilistas a la CNT provocó la reacción de grupos, que crearon en Valencia la FAI en 1927, con el fin de combatir el reformismo de Peiró y Pestaña principalmente.

1931-1939: Los anarquistas se dividieron a la hora de concretar su papel de colaboración con otras fuerzas políticas parar derrocar a la Dictadura y proclamar la República. Con posterioridad los faístas acusaron de colaboración a aquellos que prestaron su apoyo a los republicanos, pero en realidad ningún sector permaneció al margen de las conspiraciones que se fraguaron con tal fin.

Después de la reorganización realizada en el congreso de 1931, la CNT, mantuvo una línea de hostilidad casi permanente contra los gobiernos republicanos. Los sectores más radicales se imponen y los moderados sindicalistas se escinden tras la firma de un manifiesto conocido como el de los treinta y forman los Sindicatos de Oposición, con arraigo en Cataluña, País Valenciano, y Huelva. Pestaña, López y Peiró, entre otros, se distanciaron de las posturas intransigentes representadas por la FAI, al proclamar que la revolución no podía ser obra de una minoría, sino de las masas sindicales. Las tácticas insurreccionalistas propiciaron, en cambio, levantamientos armados, proclamando el comunismo libertario. Todo ello supuso una disminución de los efectos cenetistas que agrupaban a principios de 1932 a unos 700.000 afiliados, aproximadamente un 12,75% de una población activa que sobrepasaba los cuatro millones.

La base fundamental de la CNT estaba en Cataluña. En otras zonas su influencia tuvo que compartirla con la UGT, que adquirió como sindicato de gestión, cada vez mayor implantación, sobre todo en aquellos núcleos tradicionalmente marginados, como los campesinos. La CNT tenía fuerza en el País Valenciano, Murcia, Andalucía, Asturias, y Madrid, aunque a lo largo de la República se produjeron altibajos en al afiliación sobre todo tras los sucesos de octubre de 1934.

En este contexto, lo que podía llamarse literatura de anticipación experimentó un incremento en el movimiento libertario, que le llevará a especificar por primera vez cuál era el modelo de sociedad que preveían y de que manera se pretendía que la CNT y los grupos anarquistas colaboraran para tal fin.

Los treintistas acabaron integrándose nuevamente en el congreso de Zaragoza, de 1936, y en él se manifestó un mayor ánimo de colaboración con el gobierno republicano del Frente Popular. En plena guerra civil cuatro anarconsindicalistas, García Oliver, Juan López, Federica Montseny y Peiró, participaron como ministros en el gabinete de Largo Caballero, al igual que lo hicieran en el de la Generalitat de Cataluña. El anarquismo, que tanto había abogado contra los gobiernos y el Estado, acabaría en aquellas circunstancias intentando apuntalar al Estado y al ejecutivo del Frente Popular.

This entry was posted on sábado, 17 de noviembre de 2012 and is filed under ,,. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Puedes dejar un comentario.

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